EL EXITOSO (E INCREIBLE) CASO Y

EL EXITOSO (E INCREIBLE) CASO Y
Ficha técnica
Editorial:
CEIBO EDICIONES
Materia
Literatura Latinoamericana
ISBN:
978-956-359-009-8
Disponibilidad:
Consultar stock al 01-4225307

S/. 50,00

sta es la historia de un portento de la sobrevivencia, la de un soldado del hampa, la de un niño asesino, ladrón, drogadicto y resistente a todo intento de salvación, corrección o escarmiento. No quiere ser salvado pues su vida transcurre del único modo posible, entre sus pares, entre prostitutas, bajo los puentes, entre ratas y perros tiñosos, en los recintos penitenciarios para menores.

“Fui bautizado por el médico que me salvó de morir cuando aún no cumplía una hora de vida”, nos cuenta el personaje de esta novela; “esa pelusa arruinada que traía por pelo le recordaba a un rockero de nombre Mick Jagger y el personal del hospital rompió en una carcajada”, celebrando la ocurrencia del doctor. Así, el que había nacido a pesar de los venenos que su joven madre prostituta inhaló, aspiró, fumó o se inyectó; el que fuera abandonado en el basurero infecto del baño del hospital público, quedó nombrado para siempre como “El Yague”. Que lo hayan salvado al nacer sea considerado de buena o mala suerte “es algo que está por verse. No siempre sobrevivir es un milagro que se agradece. Lo cierto es que pude sucumbir ahí, pero, para mi maldición, fui rescatado a tiempo, cuando aún respiraba”.

Un fenómeno que, de tan nefasta catadura, se convierte en el niño símbolo de una sociedad hipócrita que hace de la caridad un espectáculo y un negocio. “La verdad es que nunca supe qué ayuda necesitaba y qué podrían haber hecho esas personas que hablaban de mí: los productores de la televisión, los políticos, los curas, los periodistas, los futbolistas y artistas. Yo creo que ni el Presidente, que por televisión me pidió casi llorando, por favor, Yague, vuelve, tenía muchas ganas de meterse con un bagayo como yo, un atadoso, un gil culiao molestoso y cuático, un cacho para la sociedad y un dolor de cabeza para la policía, para los jueces, para todos. Sospechaba que todos me querían muerto”.