En su lectura exhaustiva de la obra de Borges, Jean-Clet Martin logra el equilibrio justo para que la filosofía no destruya la poética. Pone la rigurosidad filosófica al servicio de las imágenes, los ritmos, las metáforas, las ficciones, construyendo un libro que no solo es sobre estética, sino estético.
No es una biografía personal, sino una biografía del escritor, de sus obsesiones y descubrimientos. El barrio, el patio, la milonga, los laberintos y las biografías ficcionales aparecen así bajo el prisma de un filósofo que conecta su inspiración deleuziana con los temas borgeanos del infinito, el tiempo, la identidad y la memoria.