El texto de Isbell y Roncalla constituye un aporte fundamental para comprender el watuchiy (adivinanza quechua) no solo como expresión del folclore, sino como práctica cognitiva, lingüística y social de alta complejidad. A lo largo del estudio, los autores desplazan la mirada tradicional que reduce la metáfora a un recurso ornamental del lenguaje y la sitúan como un mecanismo central mediante el cual los hablantes organizan la experiencia, exploran relaciones entre fenómenos y amplían sus estructuras de pensamiento. Desde esta perspectiva, el watuchi se presenta como un espacio privilegiado de producción de conocimiento, donde lenguaje y cognición se articulan de manera dinámica dentro de contextos culturales específicos.
Por ello, el mayor aporte del texto, en términos de investigación y promoción del quechua, reside en su capacidad para revalorizarla como una lengua cognitiva y semánticamente recursiva. Al evidenciar la complejidad de sus mecanismos metafóricos y su estrecha relación con el desarrollo del pensamiento, el estudio cuestiona prejuicios que han subordinado históricamente las lenguas originarias frente a las lenguas dominantes. Además, abre importantes posibilidades para el ámbito educativo, pues sugiere que prácticas como el watuchi pueden convertirse en recursos pedagógicos significativos para fortalecer el aprendizaje, el pensamiento crítico y la educación intercultural bilingüe. En conjunto, Los watuchis y la ontogénesis de la metáfora no solo describe una práctica cultural, sino que propone una forma distinta de entender el lenguaje, el conocimiento y la educación desde la lengua quechua. (Julio Chalco Fernández)