Los cuentos de Enrique Prochazka se vinculan tanto a la literatura fantástica, como a la ciencia ficción o a las parábolas de Kafka o Borges.
El primer relato de esta nueva entrega -la historia de una mujer solitaria, una exluchadora de artes marciales que durante años guarda, como expiación, un ojo de vidrio- es la clave de las otras historias que estamos a punto de leer. Se suceden ante nuestros ojos cuentos en los que las protagonistas son sometidas a exigencias que desafian tanto la mente como el cuerpo. Enfrentan situaciones crueles, a veces atroces, pero siempre inusuales. El lector sospecha, o advierte, que estos roces con lo fantástico se extienden también a los relatos «realistas», justo cuando, en el último cuento -que establece el plazo del título del volumen- asistimos al proceso de transformación de Lucrecia, la protagonista, cuyas convicciones mundanas, y quizá su realidad, sufren cambios dramáticos, especulares.
Prochazka explora con maestría temas nuevos y nos ofrece las voces de mujeres que enfrentan una realidad desafiante. El engañoso flujo del tiempo y las confusiones del yo individual, presentes a lo largo de estas historias, nos confrontan con dilemas vitales de nuestro tiempo y, acaso, del porvenir.