Hubo una época en que la crónica era el género que mejor explicaba el Perú. Esa mezcla de reportaje y literatura que se metía donde otros no llegaban: a la salud de un poeta en decadencia, al funeral de un dios de carne y hueso, a un certamen de belleza en el corazón del narcotráfico. Renato Espinoza Subiria perteneció a esa generación de cronistas, hoy casi extinta, que entendía el oficio como vocación y no como nota rápida.
¿Podemos cambiar de tema, por favor? reúne diez piezas escritas con esa mirada: irónica, atenta, incómoda cuando hace falta. Verástegui y su muela rota. Borges agonizando en Ginebra. Una holandesa que disecó a su gata. Un serruchista que hace llorar a desconocidos. Cada retazo retrata, de paso, un país en una época muy particular: el Perú de los noventa y dos mil, sus mitos, sus márgenes, su humor negro.
Una colección que vuelve, sin nostalgia barata, a una forma de contar que ya casi nadie practica.