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19 MAR

Algunas ideas sobre Vaim, la última novela de Fosse

por Diego Nieves
Algunas ideas sobre Vaim, la última novela de Fosse

Para los lectores habituales de Jon Fosse, las exigencias que impone su narrativa —lenta, reiterativa y deliberadamente austera— no son ninguna novedad. Fosse, de quien podría decirse que no cree en las formas convencionales de la escritura, nos ofrece a lo largo de sus numerosas novelas un universo que bien podría calificarse de minimalista y místico.

 

Hay, en la obra de Fosse, una reiteración que avanza poco a poco. No satura. Podemos verlo en novelas como Trilogía o Mañana y tarde. Esta forma de narrar evita la saturación precisamente gracias a su minimalismo. La prosa de Fosse no es barroca, rebuscada ni abundante. Sus personajes son, en muchos casos, gente del pueblo que mantiene conversaciones sencillas. Pero en esos diálogos, monólogos e introspecciones aparece un halo místico que nos hace dudar de la realidad con la que nos encontramos.

 

Este misticismo de prosa minimalista y reiterativa aparece también en su primera novela escrita tras recibir el Premio Nobel. Hablamos de Vaim.

 

Fosse nos presenta a Jatgeir, uno de los protagonistas de esta historia: un hombre solitario de mediana edad que llega en su pequeña embarcación desde Vaim a la ciudad. Su propósito parece intrascendente: comprar hilo y aguja. Tras una serie de intentos triviales y vergonzosos de adquirir los bienes por los que ha viajado, se reencuentra con su antiguo amor, Eline, nombre que también lleva su bote. Eline, casada con un pescador y mujer de armas tomar, le propone a Jatgeir huir y hacer una vida juntos en Vaim. A partir de ese momento, Fosse reconstruye la historia de Eline y de los otros personajes a través de tres perspectivas masculinas —Jatgeir, su amigo y el marido de Eline—.

 

Podríamos añadir que una característica bastante pronunciada de esta obra es su carácter kafkiano. Hay una pasividad en este mundo, circunscrito entre Vaim y la ciudad visitada por Jatgeir, que resulta extremadamente inquietante. Todo parece común y corriente, pero el lector deberá ahondar en la fragilidad de esta aparente calma.

Fosse es un escritor prolífico. Su obra es abundante y, en Perú, es mucho más conocido por sus novelas que por su faceta de dramaturgo, tanto por la oferta literaria en librerías como por las traducciones disponibles. La obra maestra del Nobel noruego es Septología, una serie de novelas caracterizadas por el estilo fossiano por excelencia: la exploración de temas existenciales, la carencia de puntuación y el uso de oraciones largas que crean la sensación de un monólogo interior.

 

En un panorama literario cada vez más dominado por la velocidad narrativa, la obra de Jon Fosse —como también la de su compatriota Karl Ove Knausgård— insiste en algo distinto: que la literatura todavía puede permitirse la lentitud, la repetición y el silencio.

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