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03 JUL

En el mar

por Yony Tun
En el mar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La mujer se levantó temprano para preparar unos panes con jamón y queso y alistar las toallas, levantar a sus hijos, vestirlos con ropa de baño. Se sorprendió del ánimo y energía con que hacía las cosas. Sonreía, y no se impacientó cuando los niños reclamaron que querían seguir durmiendo. Adoraba cómo olían, ese humor rancio del sudor de madrugada. Lo aspiró con deleite. Qué privilegio sería rememorar aquella fragancia con el último aliento.Los llenó de besos, permitió que se desperezaran con calma. Cuando estuvieron listos, dejó una nota para su esposo sobre la mesa de la cocina y partieron. 

 

 

Condujo durante casi dos horas. Nunca había visto la playa vacía. Le parecióincreíble no tener que pelear para hacerse de un buen sitio frente al mar, hasta que cayó en cuenta de que era lunes por la mañana y que la primavera aún no calentaba. ¡La sombrilla!, se dio un golpe en la frente, ¡olvidé la sombrilla!Pateó la arena, apretó los puños, gruñó. Fue como si una piedrita quiñara el cristal bajo sus pies. Iba a echar a llorar, a extender la grieta en múltiples ramificaciones, pero se concentró en su respiración, en llenar los pulmones y dejar salir el aire lentamente. Algunos minutos después, ya más serena, se quitó la camiseta y el short que cubrían su ropa de baño. Los chicos no. Tiritaban. Trató de sentarlos juntos, bien apretados. Además, los abrigó con su polo y una de las toallas grandes. Parecían un gran capullo. Se acomodó al lado de ellos, los abrazó y contempló el océano. Sentía la brisa fría como caricias. Su piel se erizó. Estaba en el lugar correcto. Y tenía todo el día aún. Su esposo vería la nota por la tarde, quizás la noche, y para entonces las respuestas estarían ocultas en el mar

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