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03 JUL

Memorias híbridas

por Diego Nieves
Memorias híbridas

 

Nada se opone a la noche empieza como novela y termina desbordando sus propios límites narrativos. Obra híbrida, por momentos navega entre el relato y la memoria, intercambiando el punto de vista del narrador con un nivel de consciencia muy marcado.

 

De Vigan, la autora, relata con la licencia de la ficción y el testimonio la historia de su madre, Lucile, a quien encontró muerta en su apartamento.

 

La obra, dividida en tres partes, va acercándose de a pocos al momento exacto de la muerte de la protagonista, una mujer que forma parte de una familia acostumbrada a la tragedia —muertes, violaciones—: los Poirier.

 

Ocurre que la narración, ágil y llena de escenas, toma caminos diferentes mientras se desarrolla. Empieza con una suerte de pacto novelesco: hay reconstrucción familiar, escenas del pasado y un trabajo de la atmósfera, para luego abandonar parcialmente la ficción y entrar a la crónica y la investigación. A partir de ese momento, Nada se opone a la noche empezará a ganar fluidez. El abandono de la ficción como punto de partida parece comprometer a la autora mucho más en el proyecto. Aquí la lectura adquiere seguridad y la construcción controlada se diluye en una suerte de crónica y memoria de investigación, en donde los personajes, en su mayoría los hermanos de su madre, ganan notoriedad.

 

De Vigan empezará a incluir datos personales, que lindan casi con el género del diario y la biografía. Por momentos, hablará de sus reparos ante el avance de su obra, la expectativa de su familia y la incertidumbre del proyecto narrativo. Por otros, volverá al relato, justificando lo que quiere y lo que no quiere mostrar, prescindiendo así de ciertos datos que juzga innecesarios sobre la vida de su madre y hermana. Sin embargo, hablará de otros que acaso tienen menor importancia. Así, no sabremos el tipo ni la forma de violencia que Gabriel, padre de la autora, ejerció sobre ella y su hermana Manon, pero sí sabremos que Julien, un personaje bastante secundario, la obligaba a masturbarlo.

 

Esto, entre otras cosas, demuestra el efecto catártico que genera Nada se opone a la noche en la autora, una suerte de necesidad literaria. No solo por las confesiones en forma de memorias a lo largo de la obra, interrumpiendo el relato semi ficcional, sino por la selectividad moral que esta se permite en distintos momentos. En una escena, De Vigan confiesa lo incisiva que puede ser su investigación al forzar una respuesta de su tía Violette, quien sufre rememorando el pasado de Lucile, su hermana mayor. En otra, confiesa expresamente que no viene al caso hablar de los amantes de su madre, personajes importantes dentro de su deterioro psíquico.

 

Con todo, estas memorias híbridas demuestran que una creación literaria puede fungir no solo de retrato histórico, sino también de polarizador familiar, un acto narrativo que reorganiza violentamente la memoria.

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