Muchos filosofos han apuntado las dimensiones temporales de la relacion entre historia y justicia o etica. Las posiciones mǨs explicitamente pronunciadas y opuestas en el debate sin duda han sido esgrimidas por Friedrich Nietzsche y Walter Benjamin. Para Nietzsche, la historia siempre debe servir a la vida y al futuro, y no deberia afanarse por alcanzar justicia histÇürica. Para vivir, insiste, la humanidad debe abandonar la esperanza de justicia historica y aprender a olvidar. Por el contrario, es famoso el posicionamiento de Benjamin en favor de las innumerables victimas de la injusticia historica, aun cubierta de las ruinas acumuladas del pasado. Los vivos, sostiene Benjamin, poseen un odǸbil poder mesiǨnico? para rectificar las injusticias de un pasado catastrofico. En la raiz de estas posiciones opuestas residen concepciones radicalmente diferentes del pasado y de su estatus ontologico. La idea del pasado como ausente o distante torna dificil fundamentar el frecuentemente sentido odeber de recordar? o la supuesta obligaciÇün de ohacer justicia al pasado? en el (exigente) pasado mismo. Como resultado, la habilidad de la historia para contribuir a la busqueda de la justicia con frecuencia aparece como limitada o inexistente.