Sumergidos en la inevitable belleza del universo andino y con un fraseo poético cuidado, respetuoso en su construcción de la tradición narrativa que combina la historia con lirismo, la novela nos inserta en una época que se diluye cada vez más. Por ello, es un ritual del adiós de un modo de amar, extremo, radical y que se convierte en giro, sombra, mito. Una doble historia que demuestra que el amor, en sus diversas variantes, no es suficiente para aceptar las otras formas de la vida.
Por eso, los inteligentes momentos en las que se plantean ejercicios filosóficos clásicos y aunado a un activismo cultural incansable, en un país que es más bien sumamente hostil a la creatividad y al amor. Al parecer, los peruanos también habríamos heredado las contradicciones y dilemas que caracterizan tanto tiempo a nuestra nación: la imposibilidad de querer totalmente, con temor a la felicidad, con temblor frente a la dicha inminente, la no aceptación de la alegría constante.
Como en esta historia extraordinaria, a veces preferimos la inmolación, la caída, a pesar de que otra vida es posible, otra luz, otra verdad que, Zegarra, ha narrado con trágica y dolorosa belleza. (Rubén Quiroz Ávila)